Christina Schultz. Notas desde Marrakech. Objetos y deseos.

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Notas desde Marrakech

Objetos y deseos es una investigación narrativa sobre los objetos y las personas que cruzan la frontera entre Marruecos y Europa, así como sobre los deseos que albergan. Este proyecto forma parte del primer intercambio Jiwar – Le 18 (Marrakech) con el apoyo del Institut Ramon Llull.

La rodilla es la articulación más grande del cuerpo humano. Sostiene el peso del cuerpo y lo transporta hacía delante o atrás. La rodilla debe ser flexible para mantener el equilibrio y la conexión a la tierra. Para recorrer las incontables calles de Marrakech y encontrar sus objetos, deseos e intimidades es imprescindible. La ciudad es de un eterno interior. La casa con las ventanas hacía el patio, las calles cubiertas de protectores de sol, las incontables tiendas, talleres y boutiques – un almacén gigante. La sensación de estar encerrada sin horizonte. Marisa me envía una foto del mar y un registro de audio de las olas…parece una ventana al infinito. A la rodilla le encantan los últimos días más caseros, el reposo en alto, la seguridad apretadora de la rodillera. Mi cuerpo está en modo resistencia después de 10 días en la ciudad. No puedo más con la cantidad de cosas, negociantes sin entender que es lo que mueve a la gente en perseguirlas. Y otra vez es un amigo, Koralsky, quien sugiere buscar la relación entre los deseos y la rodilla. La rodilla es movimiento. Yo me he movido hasta aquí, muchos aquí quieren ir allá. La imposibilidad no está en poder permitírselo o no sino en la estructura. Los vuelos son baratos y el visado son 70 euros. Y un contrato de trabajo de más de 3 meses. Hay muchos negocios – grandes, pequeños y micropequeños y pocos contratos de trabajo. Entre conversaciones con negociantes de alfombras, turistas, vendedores ambulantes, amigos viejos y nuevos amigos llegamos a pensar que el objeto represento el Otro. Lo que uno no puede ser y entonces intentamos al menos poseerlo.
Para nosotros es la vida perdida de la familia, lo manufacturado, la artesanía, que siempre nos la imaginamos como más integrada en la vida cotidiana. Adoramos las alfombras hechas a mano, la cerámica con mensajes ocultos, las medicinas naturales que nos embellecen, y miramos de reojo (abiertamente no nos lo podemos permitir, la situación cambiará como uno cambia la postura cuando se siente observado) al interior de las casas como si fueran secretos tesoros antiguos.
En cambio el ‘Marrakchí’ está contentísimo con las reformas igualitarias de las puertas de la Medina a lo español, orgulloso del nuevo Burger con patatas fritas de la esquina. No puedes ir allí pero al menos te compras una manta importada de Europa, hecha en China.
Mientras tanto me muevo coja por la ciudad y quizás también es esto, no solo mis valientes esfuerzos de hablar dariya que abren algunas de estas puertas que la mayoría de turistas solo puede ver de reojo.

Christina Schultz

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