Veïnatges. Isidor Fernàndez

Hortet de la Farga Blog Jiwar

Volver al lugar donde has vivido y compartido durante mucho tiempo tu vida con amigos, vecinos y compañeros de trabajo, tras años de vivir en otros lugares, se puede hacer de muchas maneras.

Desde el tránsito que supone la cercanía del lugar por trabajar en la misma ciudad, donde vuelves por motivos de trabajo o de ocio, por curiosidad o el simple echo de acercarte a la calle o la plaza donde has vivido durante diez años, desviándote un instante cuando te diriges o a otro lugar de la ciudad para sentarte en un banco frente al portal de tu antigua casa. Solo para recordar esos momentos en los que pertenecías al barrio.

Otra forma es hacerlo con el objetivo de comprender los cambios que ha sufrido tu antiguo barrio, de como lo recuerdas y como es ahora. Todos vemos pasar ante nuestra vida las transformaciones de nuestro entorno y nuestro barrio, ciudad o pueblo, pero pocas veces paseamos por las calles o nos sentamos en cualquier banco o terraza a contemplar la ciudad que vemos en ese instante para contrastarla con la ciudad de nuestra memoria, la ciudad vivida y sentida durante los años que formamos parte de ella.

Durante casi 14 años he residido en el barrio de Sants de Barcelona, con alguna que otra mudanza, aunque la mayoría de esos años frente a la Plaza de la Farga. Y ahora he vuelto para realizar el proyecto de investigación y creación Veïnatges, con la ayuda de Jiwar en su linea de residencias Construyendo Vecindades 5. Diez años después, me he dado cuenta que los cambios han sido sustanciales, no solo en sus calles, plazas y edificios sino también en los movimientos vecinales que han luchado por conservar un espacio social y humano en su porción de la ciudad.

En esta última década la ciudad de Barcelona a sido azotada por la especulación inmobiliaria, donde se ha modelado su espacio urbano al ritmo de las oportunidades de inversión. Una ciudad que ha cambiado su cara a través del maquillaje de las fachadas y calles, adquiriendo una nueva imagen construida para seducir y fascinar a los bolsillos más poderosos. La ciudad se ha subido a la pasarela de la puesta de moda de ese espacio público que se observa, se mira y se transita entre terrazas de bares, restaurantes y comercios de forma ordenada y estable, un espacio público a modo de reclamo turísitico que ya no se practica ni se disuelve en las personas que viven en él, recuerdo que nos explicaba Manuel Delgado sobre la concepción del espacio público como ideología en sus clases de antropología.

La cultura urbanística desarrolla su labor entorno a la organización de una ciudad orgánica y a la vez tranquila, sosegada y sometida al diseño de imagen de representación, la imagen que valida la marca de excelencia y reputación de la ciudad. Donde el espacio es reducido a simple mercancía, aunque sean espacios habitados y practicados, se produce una serie de estrategias para un cambio de imagen, que conlleva a la movilización y expulsión de individuos o grupos “incómodos” e “inquietantes” hacia las periferias, recurriendo la adaptación del termino anglosajón del proceso de gentrificación.

Finalmente construye lugares de representación en contra de la imaginación colectiva, del imaginario de sus vecinos que dan sentido a la vida cotidiana de las ciudades. La acción vecinal en estos espacios de representación, en palabras de Lefebvre, constituyen lugares materiales donde poner en práctica lo cotidiano desde la imaginación y lo simbólico, en un experimento colectivo para crear nuevas posibilidades de la realidad espacial. Creando un desplazamiento desde el lado del vacío, desde lo concebido y lo abstracto en la fragmentación capitalista de la configuración urbanística, hasta alcanzar y agitar a lo vivido para encontrar la poliédrica implicación de las dos partes, la urbanística y la ciudadana.

Cuando la ciudadanía se apropia del espacio que considera propio y desarrolla nuevas prácticas sobre una estructura urbanizada, deslegitima la imagen de marca y construye otra imagen desde la colectividad y la imaginación sin más motivo que vivir el espacio desde lo cotidiano. Se produce así una supresión de lo abstracto para posicionarse lo simbólico.

En la residencia de investigación en Jiwar, como artista he intentado reconstruir esas “otras imágenes de la ciudad”, nacidas en el imaginario colectivo desde la voluntad de los movimientos vecinales de los barrios de Sants y La Bordeta por preservar el capital social que da sentido al derecho a la ciudad. Can Batlló en el barrio de La Bordeta, L’horta alliberada y L’hortet de la Farga en el barrio de Sants son espacios vividos que escapan a los límites de la compresión urbanística y al mismo tiempo son activadores de vecindad y producción social. Han creado espacios de convivencia, aprendizaje y reciprocidad de relaciones vecinales. Una realidad que se vuelve tangible en las calles de los barrios y en las personas que lo hacen posible.

Durante este retorno, en el trabajo de campo realizado como antropólogo en Can Batlló, L’horta alliberada y L’hortet de la Farga, he sentido el alcance de lo vivido con muchas personas que ya conocía y con otras que he conocido por primera vez. Esa vida cotidiana de la vecindad que esta en el corazón de personas que te miran a los ojos, con esa mirada de convivencia y esperanza en una ilusión colectiva forjada en la confianza mutua, mientras sus palabras te hacen comprender su esfuerzo y dedicación, su voluntad y acto de compartir el lugar al que pertenecen.

A todos esos vecinos agradezco su hospitalidad, igual que a todos los que pasan por el barrio, donde me podréis encontrar los domingos por la mañana en L’horta alliberada o en L’hortet de la Farga. Vuelvo a ser vecino de Sants…

Veïnatges ha sido el proyecto seleccionado para la beca de la 5ª edición Construint veïnatges en Jiwar y a contado con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona.

Web Veïnatges: http://www.isidorfernandez.net/veinatges

Isidor Fernandez

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